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Historia

 

El actual territorio suizo fue poblado por grandes tribus desde la Edad de Hierro; durante la cual florecieron las culturas Halstatt y La Téne, que habrían desarrollado cierta cerámica. Sin embargo, la primera tribu documentada por los Romanos fueron los Helvecios; una tribu de origen celta que se habría asentado en el lago de Ginebra y los Alpes, escapando de las tribus germánicas del norte.

Se estima que su idioma pudo haber sido el galo y fueron liderados por Orgétorix. Hacia el año 58 A.C., fueron conquistados por las tropas de Julio César en la batalla de Bibracte, que puso fin a la migración helvética.

A la caída del Imperio Romano de Occidente; del cual se desfragmentarían en diversos estados, el actual Suiza estuvo dividido entre los Reinos de Borgoña (afiliación latina) y Alamannia (afiliación germánica); desde aquí se puede ver que el país se perfilaba para cierta diversidad lingüística.

Hacia el siglo VI D.C., se alza un nuevo reino Germánico que conquistaría ambos reinos; los Francos. Este reino llegó a su máxima expansión durante el reinado de Carlomagno, quien consolidó el Imperio Carolingio dividido en condados, marcas y ducados.

El Imperio Carolingio fue dividido por los nietos del difunto Carlomagno para dar pase a la época de las Tres Francias: Occidental, media y oriental. Las entidades creadas por Carlomagno iban ganando autonomía.

De Francia Occidental surgiría la actual Francia y de la Oriental el recordado Sacro Imperio Romano Germánico.

Suiza estuvo bajo dominio de diversas casas, como la de Saboya y Habsburgo, esta última impuso la autonomía sobre las demás casas. No sería hasta 1291 cuando 3 comunidades de los valles centrales de los Alpes (Uri, Schwyz y Unterwalden) formarían la Antigua Confederación Suiza, en la que se facilitó el libre comercio y se aseguró la paz en las rutas comerciales por los Alpes. Esto se vería plasmado en el Pacto Federal de 1291, el cual tenía la intención de acordar la mutua defensa ante posibles ataques.

Durante el Siglo XIV, la confederación Suiza se iría expandiendo, convirtiéndose en una confederación de 8 cantones. Tras este gran crecimiento, los Habsburgo tomarían cartas en el asunto y contraatacarían, siendo nuevamente derrotados durante la Batalla de Sempach (1386).

Ante la reputación que iba ganando esta próspera confederación, en el Siglo XV se concretan nuevas alianzas con pueblos de la región. No obstante, conflictos internos también se harían presentes; como la Antigua Guerra de Zúrich (1440-1446), en la que este cantón influenciado por los Habsburgo se disputa con Schwyz los territorios del desaparecido Condado de Toggenburgo y finalmente, Zúrich cede ante las presiones de los confederados y se reintegra a la confederación.

La Guerra de Suabia de 1499 fue el último gran conflicto militar entre la Antigua Confederación Suiza y la Casa de Habsburgo, con el objetivo de tomar el control del territorio de los Grisones y, tras la que logran obtener la influencia sobre este, además de ir desligándose de la Casa de Habsburgo.

Con todas estas victorias, Suiza sufriría un revés durante la Batalla de Marignano (1515), en donde fue derrotado por la emergente Francia; que le impidieron su expansión hacia el oeste. Sin embargo, el crecimiento de la confederación seguía inminente y eventualmente, pasaría de 8 a 13 cantones.

Hacia 1529, conflictos internos religiosos surgirían, siendo Suiza el primer país de Europa en haber enfrentado una guerra entre católicos y los recién surgidos protestantes; estos conflictos se denominan como las Guerras de Kappel. La segunda guerra terminó favoreciendo a los católicos, aunque finalmente cada cantón mantuvo su religión.

Durante la Guerra de los 30 años, Suiza se mantuvo neutral gracias a la hábil jugada diplomática de Johan Rudolf Wettstein. Tras la Paz de Westfalia, la independencia y neutralidad de Suiza son reconocidas, desligándose oficialmente del Sacro Imperio.

A pesar de este gran logo, permanecerían las discrepancias religiosas que habían conllevado a discrepancias económicas, los cantones Zúrich y Berna (ambos protestantes) habían conseguido romper la hegemonía católica y se posicionaban como los cantones dominantes de la política suiza, esto llevaría a la Batalla de Villmergen (1656); en donde se consiguió el equilibrio de poder entre ambas religiones.

El sistema centralizado de cantones se vería interrumpido durante la revolución francesa; en la que Suiza es convertida en un estado satélite de Francia centralizado según los ideales de la revolución, fue conocido como la República Helvética, este cambio tan drástico crearía una fuerte inestabilidad.

Ante esta inestabilidad, Napoleón Bonaparte aboliría esta república en 1803 con el Acta de Mediación; en donde se restaura el federalismo pasando de 13 a 19 cantones, aunque continuaría siendo un estado vasallo del Imperio Francés. Durante las guerras napoleónicas, sería invadida por Austria y Rusia, pero se negó a combatir.

Tras la derrota francesa, el país estaría conformado por 22 cantones y sus fronteras no han variado desde ese momento. En 1848, se declara la Constitución Federal de Suiza, en esta se imponía una autoridad central y se establece que los cantones podrían seguir autogobernándose y resolver cuestiones locales, aunque ya no serían considerados como independientes.

Durante el siglo XX, Suiza destaca por mantener su neutralidad ya que en la Primera Guerra Mundial únicamente es recordada por dar asilo a Vladimir Lenin en 1917. Tras el fin de la guerra y el tratado de Versalles, además de reconocerse la neutralidad perpetua de Suiza; se establece la cede “Sociedad de Naciones” en Ginebra. Durante la Segunda Guerra Mundial, Suiza pudo mantenerse nuevamente sin ser invadida, aunque sí hubo planes alemanes de hacerlo con la Operación Tannenbaum.

Suiza se consolida como uno de los países más prósperos del mundo, se desarrolla un moderno sistema financiero que, gracias a su estabilidad económica, miles de personas y empresas deciden invertir en el país.

En 2002, Suiza es uno de los últimos países en adherirse a la ONU, rompiendo su tradicional aislamiento de organismos internacionales.

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